La economía general en época de crisis

Robaperas y economía

RESONANDO en mi mente, y tarareando sin emitir apenas sonido audible dado mi escaso virtuosismo, «Ya no hay locos, se murió aquel que cabalgaba por La Mancha», o algo así, que canta Paco Ibáñez con esa profunda, doliente y escasa voz actual (que tampoco fue nunca la de un Caruso, aunque por lo sentida siempre lo haya parecido), pero del cantaautor ya hablaremos en otra ocasión; tarareaba yo decía, ¡y eso que iba camino del Mercado! -que por cierto antes se llamaba de Abastos y ahora no, habiéndome quedado sin saber el porqué de lo uno y de lo otro- y llegué al puesto de las frutas y verduras donde tuve que recordar esa buena costumbre de pedir la vez cuando ya habían despachado a más personas de las que había cuando llegué, y fingir indiferencia cuando me la solicitaron inquiriéndome ¿quién es la última? Por si acaso hubiera perdurado en mi memoria algún vestigio de la canción que me acompañó durante el camino o hubiera persistido en mi ánimo el tarareo festivo, un tercer incidente vino a unirse a los anteriores: una de las clientas que estaban siendo atendidas en la frutería fue advertida, a grandes voces, por el dependiente del puesto contiguo de que la estaban hurtando algunas de las bolsas que había dejado descansar en el suelo. Las descuideras, tres mujeres 'nacionales', es decir naturales de este país, ya se encaminaban con la carga camino de la salida y, pese al buen volumen de dos de ellas, o sea que estaban gordas y orondas, presurosas como gamos. Fueron interceptadas por algunos de los presentes advertidos por los gritos y alcanzadas por la dueña que recuperó su compra y retornó al puesto. Observé que la mujer 'no nacional' estaba afectada, incrédula. Asía las bolsas estrechándolas con fuerza contra sí. Nos miraba y sonreía con una mueca triste de desconsuelo. Y únicamente hizo un comentario, con ese habla de dulce castellano del otro lado del océano, de que «si hubieran sabido las 'tomadoras' el trabajo que había costado a su familia ganar para esa compra, no se la hubieran robado».

Y yo pensé, quizás influido por la canción de marras, que al Caco Bonifacio o a Pernales ni se les hubiera ocurrido. Y es que ya no quedan cacos. Son robaperas


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