La economía general en época de crisis

Las cuentas económicas claras

Las cuentas, claras


EL éxito de la medida adoptada por el Ejecutivo norteamericano obligando a las principales empresas a certificar sus cuentas y que se reflejó ayer en la Bolsa de New York, parece abrir un camino de transparencia necesario para que los accionistas vayan recuperando la confianza en las corporaciones tras los grandes escándalos de falsificación contable en los últimos meses.

Las autoridades económicas de los EE.UU. han demostrado tener agilidad para tomar decisiones para atajar el daño provocado por la concentración de falsificación de los estados contables de importantes empresas estadounidenses. Y quizás no sea ajeno a esta actuación el calendario electoral (en noviembre se renuevan parcialmente las Cámaras) en un país que como acaba de señalar Greenspan, “la debilidad de la economía se ha agudizado por la creciente incertidumbre relativa a los problemas sobre contabilidad empresarial y el gobierno de las compañías”.

Las diversas normas y leyes aprobadas para lograr restaurar la confianza de los inversores en la información pública empresarial van a implicar cambios profundos en los sistemas cotidianos de funcionamiento de la vida económica: los servicios de auditoría y consultoría no podrán ser compatibles, habrá que definir y establecer códigos corporativos de gobierno, los organismos reguladores tendrán más poder. Pero lo más llamativo es que la Ley Sarbanes-Oxley, ratificada por el presidente Bush, obliga a que los primeros ejecutivos de las grandes empresas cotizadas certifiquen por escrito y bajo juramento la bondad y exactitud de las cuentas trimestrales y anuales que presentan al mercado. La falsedad en tales documentos podría acarrear un castigo de multa y penas de entre 10 y 20 años de cárcel.

Todo este tipo de reformas corporativas afectará primero a las grandes empresas de los EEUU, luego al resto de empresas no cotizadas y, a la vez, se extenderá al resto de regulaciones de los países de la OCDE. Es un efecto inevitable de la globalización de los mercados financieros. Una prueba de este contagio vendrá dado cuando, el próximo 29 de agosto, se decida acerca de la aplicación de estas normas a las casi 1.300 empresas no estadounidenses que cotizan en Wall Street. Es un tema delicado porque estas empresas representan lo más importante del capitalismo internacional y jurídicamente están sujetas a autoridades contables y fiscales muy distintas. Puede que así se fuerce un abandono de Wall Street, pero lo más lógico es que se acelere la armonización contable internacional.

Casi todas las medidas puestas en marcha en los EEUU están recogidas, con diversas formulaciones, en los variados Códigos de Buenas Conductas Empresariales que existen en casi todos los países de la UE. Precisamente en trámite de armonización a partir del informe que en septiembre presente el grupo de expertos de la Comisión Winter.

Lo importante es que existan mecanismos que dificulten la falsificación de la contabilidad y para ello lo mas indicado sería crear incentivos para cumplir la ley y las normas no escritas adyacentes. Los ejecutivos/empresarios deben estar suficientemente seguros que si obran mal en el aspecto contable es muy probable que sean descubiertos y que su castigo probable será siempre muy superior a las ganancias de todo tipo (dinerarias, imagen, prestigio, poder) que pudieran lograr si el engaño llegase a tener éxito. Los Códigos de Buenas Prácticas Empresariales sólo pueden ser eficaces si cuentan con unos organismos reguladores prestigiados e independientes de los políticos; y con una legislación que permita llegar a aplicar, con rapidez y publicidad, el Código Penal.


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