La economía general en época de crisis

Banqueros del diez por ciento

Ninguna de las grandes entidades financieras españolas parece haberse inquietado en los últimos meses ante la proliferación de agresivas campañas de  remuneración de la liquidez  a la que estamos asistiendo. Esta semana, uno de los bancos participantes en la refriega, con sede fuera de la Unión Europea, ha anunciado  una remuneración del 10%, todo un récord para los tiempos que corren y más aún si se tiene en cuenta que soplan vientos de bajadas de tipos de interés a corto plazo. Y que los actuales ya están por debajo del 5%. Aunque la mayor parte de estas cuentas tiene truco (a veces se trata de  cuentas a plazo vinculadas a títulos de renta variable con algo de ingeniería financiera detrás), hay un segmento de la población que puede resultar vulnerable a estos cantos de sirena de las altas remuneraciones. Máxime cuando en los mercados pintan bastos, aunque normalmente el cliente de los pasivos bancarios caros no suele ser un habitual de la Bolsa. Y menos un inversor a medio o largo plazo. Un  7% de remuneración o un 10%, como ya se acaba de alcanzar, es todo un desafío a la ingeniería financiera, cuando los tipos oficiales se encuentran en el 4,75% y cuando los bancos tradicionales, con  costosas redes de oficinas que se cuentan por millares, apenas remuneran a sus clientes con tipos  del 1% en cuentas a plazo corto.

El sector financiero español ya ha vivido varias guerras de pasivo y ninguna de ellas ha servido realmente para encumbrar a ninguno de los agresivos  iniciadores de la batalla. Ni tampoco para modificar el reparto tradicional de cuotas de mercado, que le debe más a las fusiones bancarias que a las guerras comerciales, a las estrategias de internacionalización de la banca que a la captación de  un volumen de ahorro que parece tener un carácter bastante marginal. Si los grandes del sector financiero en la España de hoy no son los mismos que hace diez  o veinte años,  en ello ha jugado un papel más bien escaso la capacidad para quitar clientes a los competidores. No ha existido realmente una competencia demoledora, ni siquiera desde que los tipos de interés de los depósitos quedaron liberalizados a principios de los años 80. El Santander quizás fuera una excepción por su  agresiva política comercial en los años 80, aunque ya era realmente uno de los grandes, con una cuota significativa de mercado, que luego redondeó con su política de fusiones y compras. Lo que ya es algo más dudoso es que los pequeños competidores del sector bancario puedan llegar a inquietar realmente hasta el punto de amenazar partes significativas de las cuotas de mercado de la banca tradicional.

La filial española de Citibank, que ya lo intentó en la década de los 80, vuelve ahora a la carga con una ofensiva multiproducto en la que su principal rival será probablemente otro de los pequeños jugadores del mercado doméstico, el  gigante holandés ING, que en España tiene metodología telefónica y algo de operativa a través de Internet, pero cuyo coste de implantación debe de estar siendo prohibitivo. Ninguna de las dos entidades ha sido transparente a la hora de dar sus cifras de explotación, pero sería interesante conocerlas. A diferencia de los bancos españoles, los protagonistas de la batalla de los depósitos de alta remuneración son entidades extranjeras con casa matriz  fuera de España o incluso fuera de la eurozona y con ausencia total de transparencia de cara a la clientela española. Lo que le está costando a ING abrirse paso en España con su banca telefónica es todo un misterio, pero posiblemente con muchos números rojos detrás. Que se sepa, ninguno de los bancos españoles ha planteado estrategias de este tipo en  algún mercado exterior. La reprimenda que ello le supondría por parte de las autoridades monetarias españolas  no se haría esperar.

La prudencia es una de las principales virtudes de los banqueros y la base sobre la que la clientela les confía los depósitos. ¿Se puede confiar en un banquero que paga a sus clientes unos intereses que son el doble que los oficiales y  tres veces mayores que la inflación?  Ni con Internet de por medio se entiende.


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