La economía general en época de crisis

Los junkers,sabes que eran?

Eran conocidos como "junkers" (la traducción más apropiada al castellano de este vocablo podría ser "señoritos"), los terratenientes de la antigua aristocracia prusiana que fundamentaron el poder en la vieja Prusia del siglo XIX y constituyeron el núcleo dirigente del militarizado II Reich alemán, derrotado en la Primera Guerra Mundial. Sonoros apellidos ennoblecidos, en los que el "von" era partícula imprescindible. Germen activo del belicismo alemán que tanta sangre europea contribuyó a derramar, aunque secundado por otros belicismos algo más disimulados, pero no menos cruentos. Bismarck, Hindemburg y otras figuras relevantes constituyeron el ápice de su hegemonía. Parecía que en su estado original habían pasado ya a la Historia tras haber protagonizado en ella algunos de sus más violentos episodios. Pero no es así.

Marta Caravantes, en un interesante reportaje escrito para el suplemento "Mestizaje" de Diario16, nos pone sobre la pista de algunos de los herederos espirituales de la vieja nobleza prusiana, que aunque no compartan con aquéllos su sangre azul sí participan en sus métodos feudales. En el corazón de Chiapas, ahora en el primer plano de la actualidad, Folken von Knop viene rigiendo desde hace mucho tiempo con procedimientos típicamente prusianos una vasta hacienda apropiadamente denominada Prusia. Sus métodos brutales provocaron varias insurrecciones de los campesinos e incluso fue detenido por las tropas federales mexicanas, acusado de violar los derechos humanos y disponer ilegalmente de armamento. Pero hoy sigue al frente de su miniestado de corte prusiano enclavado en el conflictivo estado mexicano de Chiapas.

Había creado su propia moneda, llamada también "prusia", única con la que los campesinos podían adquirir en las tiendas de su propiedad todo lo necesario para su subsistencia, a los precios que él mismo establecía, con lo que aquéllos se endeudaban día a día y cerraban los grilletes que aseguraban su esclavitud. Mantenía sus propias prisiones y el derecho de pernada no le era ajeno con las mujeres de sus súbditos. Cuando desde la vecina Guatemala muchos campesinos huyeron de la violencia allí desencadenada, fueron contratados por Von Knop, quien requisaba sus pasaportes y los sumía en el último grado de la esclavitud moderna: la del que prefiere vivir día a día como siervo a morir imprevistamente a manos de los paramilitares, del ejército o de la guerrilla que habitualmente dirimen sus enfrentamientos diezmando a la población campesina.

Una pequeña tropa de mercenarios suele proteger al tirano de germánica raíz y aplica sangrientas represalias en las raras ocasiones en que los campesinos, al límite de su resistencia, alzan sus machetes y claman venganza. Pero herr Von Knop no es el único ejemplar de esta especie no extinguida. A finales del siglo XIX numerosos alemanes establecieron en Chiapas plantaciones de café para exportar este producto a su país de origen, en el más puro estilo colonial entonces vigente. Sus procedimientos eran poco refinados: sencillamente fueron arrebatando los mejores terrenos a los indígenas y acallando sus protestas por la fuerza. Ni la ley de México regía en el fronterizo estado. "En la actualidad, siete familias alemanas acaparan más de 16.000 hectáreas de las tierras más ricas de Chiapas. Para protegerse de las insurrecciones indígenas algunos caciques han llegado a establecer acuerdos con el Ejército mexicano", afirma la autora citada.

Los mayas chiapanecos expulsados de sus tierras de origen se unen a una larga lista de tantos y tantos pueblos desarraigados por la penetración violenta de otras gentes, casi siempre aceptada tácitamente por las grandes potencias cuando ello conviene a sus intereses. Palestinos desalojados por judíos, saharauis por marroquíes, kurdos por turcos, tibetanos por chinos... por razones distintas pero con un mismo resultado.

En un mundo que presume de fantásticas tecnologías cada vez más desarrolladas, sigue siendo la propiedad y el uso de la tierra y el suelo un bien que a muchos les es injustamente negado o arrancado por la violencia de la fuerza armada. De poco servirán los supermodernos artilugios espaciales de la era Bush II, si cada vez son más numerosos los que simplemente se esfuerzan por no hundirse en la miseria que no tiene salida: la de los eternamente expulsados de algún lugar por las tiránicas leyes del mercado y del beneficio del capital.


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