La economía general en época de crisis

Las cuentas económicas claras

Escrito por majnegs 27-12-2014 en economia. Comentarios (0)

Las cuentas, claras


EL éxito de la medida adoptada por el Ejecutivo norteamericano obligando a las principales empresas a certificar sus cuentas y que se reflejó ayer en la Bolsa de New York, parece abrir un camino de transparencia necesario para que los accionistas vayan recuperando la confianza en las corporaciones tras los grandes escándalos de falsificación contable en los últimos meses.

Las autoridades económicas de los EE.UU. han demostrado tener agilidad para tomar decisiones para atajar el daño provocado por la concentración de falsificación de los estados contables de importantes empresas estadounidenses. Y quizás no sea ajeno a esta actuación el calendario electoral (en noviembre se renuevan parcialmente las Cámaras) en un país que como acaba de señalar Greenspan, “la debilidad de la economía se ha agudizado por la creciente incertidumbre relativa a los problemas sobre contabilidad empresarial y el gobierno de las compañías”.

Las diversas normas y leyes aprobadas para lograr restaurar la confianza de los inversores en la información pública empresarial van a implicar cambios profundos en los sistemas cotidianos de funcionamiento de la vida económica: los servicios de auditoría y consultoría no podrán ser compatibles, habrá que definir y establecer códigos corporativos de gobierno, los organismos reguladores tendrán más poder. Pero lo más llamativo es que la Ley Sarbanes-Oxley, ratificada por el presidente Bush, obliga a que los primeros ejecutivos de las grandes empresas cotizadas certifiquen por escrito y bajo juramento la bondad y exactitud de las cuentas trimestrales y anuales que presentan al mercado. La falsedad en tales documentos podría acarrear un castigo de multa y penas de entre 10 y 20 años de cárcel.

Todo este tipo de reformas corporativas afectará primero a las grandes empresas de los EEUU, luego al resto de empresas no cotizadas y, a la vez, se extenderá al resto de regulaciones de los países de la OCDE. Es un efecto inevitable de la globalización de los mercados financieros. Una prueba de este contagio vendrá dado cuando, el próximo 29 de agosto, se decida acerca de la aplicación de estas normas a las casi 1.300 empresas no estadounidenses que cotizan en Wall Street. Es un tema delicado porque estas empresas representan lo más importante del capitalismo internacional y jurídicamente están sujetas a autoridades contables y fiscales muy distintas. Puede que así se fuerce un abandono de Wall Street, pero lo más lógico es que se acelere la armonización contable internacional.

Casi todas las medidas puestas en marcha en los EEUU están recogidas, con diversas formulaciones, en los variados Códigos de Buenas Conductas Empresariales que existen en casi todos los países de la UE. Precisamente en trámite de armonización a partir del informe que en septiembre presente el grupo de expertos de la Comisión Winter.

Lo importante es que existan mecanismos que dificulten la falsificación de la contabilidad y para ello lo mas indicado sería crear incentivos para cumplir la ley y las normas no escritas adyacentes. Los ejecutivos/empresarios deben estar suficientemente seguros que si obran mal en el aspecto contable es muy probable que sean descubiertos y que su castigo probable será siempre muy superior a las ganancias de todo tipo (dinerarias, imagen, prestigio, poder) que pudieran lograr si el engaño llegase a tener éxito. Los Códigos de Buenas Prácticas Empresariales sólo pueden ser eficaces si cuentan con unos organismos reguladores prestigiados e independientes de los políticos; y con una legislación que permita llegar a aplicar, con rapidez y publicidad, el Código Penal.


Las "Libertades"

Escrito por majnegs 17-12-2014 en Opinion. Comentarios (0)

AL dar por supuesta la libertad, quizás la estamos debilitando, como se dejan de apreciar las cosas que más cuestan cuando ya las hemos conseguido. Luego entramos en la melancolía, incapaces de energía moral. Con los apagones luego transfigurados en cortes selectivos llegamos a apreciar el suministro de electricidad en su justo y casi milagroso valor, minusvalorado en exceso cuando cada día le damos a un interruptor y se hace la luz o llenamos la bañera de agua caliente.

Uno de los elementos más definitorios de lo que significa ser una sociedad moderna atañe a la emancipación de la mujer. La realidad ha impuesto una incorporación gradual de la mujer, un proceso tal vez lento, pero irreversible. Por lo mismo, una de las características distintivas del Islam es la falta de sincronización con este proceso. Ni tan siquiera hace falta referirse a las noticias del Afganistán de los talibanes: en la mayoría de países musulmanes, las mujeres deben plena obediencia a la ley que dictan los hombres. Es tal vez en Marruecos donde la mujer avanza con más determinación hacia unas formas de vivir equiparables a lo que se da en Occidente, mientras que en otros países, aún teniendo derecho al voto, las mujeres están sojuzgadas hasta extremos que bien se cuidan de agravar los movimientos fundamentalistas. Hay indicios para definir tales situaciones como propias de un totalitarismo religioso.

Siete de los diez países menos libres del mundo cuentan con mayorías islámicas. El análisis más reciente sobre el estado de la libertad en el mundo alinea a países como Afganistán, Irak, Libia, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Turmekistán, junto con Birmania, Cuba y Corea del norte. Son regímenes que nos pillan rematadamente lejos, pero están ahí, con millones de personas sometidas a la carencia de libertad. La línea de falla vincula de forma abrumadora un conjunto de países islámicos frente al resto del mundo, del Japón a Canadá. Uno se pregunta qué estarán pensando las mayorías silenciosas del mundo islámico. Quizás estén añorando una libertad que nunca han conocido.

Entre tanta intolerancia, hay algunos datos que no hacen del todo impracticable la libertad. En Jordania, por ejemplo. Las nuevas tecnologías contribuirán a una mayor libertad económica y a la larga a una liberalización política. El informe de la "Freedom House" -la "Casa de la Libertad", fundada por Eleanor Roosevelt- insiste en que no se puede dar por sentada una incompatibilidad entre la fe islámica y lo que entendemos por democracia.

Por otra parte, el informe señala que el triunfo global de los valores de la democracia y de los derechos humanos pudiera contribuir a la furia irracional de las revoluciones milenaristas que buscan revertir la historia con una serie de actos malignos espectaculares y suplantar el instinto natural del hombre hacia la autonomía y la dignidad con una ideología esotérica de control neo-totalitario enmascarado con el lenguaje de la religión. Es significativa la escasa tolerancia del Islam hacia otras religiones. En el extremo aparece el afán destructor de Bin Laden y su instrumento es el terror. El año concluye con la imagen de la destrucción de las torres gemelas de Manhattan grabada para muchos años en la retina de la sociedad abierta.

En su conjunto, el mundo despide el año 2001 con un balance: de los 192 gobiernos que existen, 121 -es decir, un 63 %- han sido elegidos de forma democrática. Han mejorado Gambia, Perú, Mauritania, Camerún y Albania, entre otros. Han empeorado Trinidad y Tobago, Liberia, Zimbabue, Argentina y Egipto, por ejemplo, según el informe de la "Freedom House". En los territorios de la antigua Unión Soviética, el paisaje de la libertad es tan diverso como precario. En África tenemos el gran punto débil, equiparable a la incompatibilidad del Islam radical.

Con más detalle, se computan 86 países en los que las libertades y derechos tienen vigencia plena, con un total de 2.54 mil millones de ciudadanos, lo que viene a ser algo más del 40 % de la población mundial. En otros 58 países existen libertades pero con alguna carencia. En regímenes del todo carentes de libertad y derecho -en total 48 países- viven dos mil millones de personas, algo más de un 35 % de la población de todo el mundo. Queda mucho trecho para que la libertad avance en anchura y duración.


Robaperas y economía

Escrito por majnegs 17-12-2014 en Opinion. Comentarios (0)

RESONANDO en mi mente, y tarareando sin emitir apenas sonido audible dado mi escaso virtuosismo, «Ya no hay locos, se murió aquel que cabalgaba por La Mancha», o algo así, que canta Paco Ibáñez con esa profunda, doliente y escasa voz actual (que tampoco fue nunca la de un Caruso, aunque por lo sentida siempre lo haya parecido), pero del cantaautor ya hablaremos en otra ocasión; tarareaba yo decía, ¡y eso que iba camino del Mercado! -que por cierto antes se llamaba de Abastos y ahora no, habiéndome quedado sin saber el porqué de lo uno y de lo otro- y llegué al puesto de las frutas y verduras donde tuve que recordar esa buena costumbre de pedir la vez cuando ya habían despachado a más personas de las que había cuando llegué, y fingir indiferencia cuando me la solicitaron inquiriéndome ¿quién es la última? Por si acaso hubiera perdurado en mi memoria algún vestigio de la canción que me acompañó durante el camino o hubiera persistido en mi ánimo el tarareo festivo, un tercer incidente vino a unirse a los anteriores: una de las clientas que estaban siendo atendidas en la frutería fue advertida, a grandes voces, por el dependiente del puesto contiguo de que la estaban hurtando algunas de las bolsas que había dejado descansar en el suelo. Las descuideras, tres mujeres 'nacionales', es decir naturales de este país, ya se encaminaban con la carga camino de la salida y, pese al buen volumen de dos de ellas, o sea que estaban gordas y orondas, presurosas como gamos. Fueron interceptadas por algunos de los presentes advertidos por los gritos y alcanzadas por la dueña que recuperó su compra y retornó al puesto. Observé que la mujer 'no nacional' estaba afectada, incrédula. Asía las bolsas estrechándolas con fuerza contra sí. Nos miraba y sonreía con una mueca triste de desconsuelo. Y únicamente hizo un comentario, con ese habla de dulce castellano del otro lado del océano, de que «si hubieran sabido las 'tomadoras' el trabajo que había costado a su familia ganar para esa compra, no se la hubieran robado».

Y yo pensé, quizás influido por la canción de marras, que al Caco Bonifacio o a Pernales ni se les hubiera ocurrido. Y es que ya no quedan cacos. Son robaperas